escucha activa

La Escucha Activa

En todas nuestras relaciones, tanto personales como laborales o profesionales, es muy importante “caer bien”. Todos admiramos a esas personas con carisma, que se desenvuelven estupendamente en cualquier entorno y sobre la que siempre se hacen comentarios positivos porque, simplemente cae bien. Para conseguirlo, se tiene que nacer con este don de gentes o trabajarlo.

practicar la escucha activa

Para lo segundo habrá que desarrollar una práctica fundamental y básica para lograr este objetivo “la escucha activa”, que trata ni más ni menos que de realizar un esfuerzo físico y mental para interpretar con claridad el mensaje de nuestro interlocutor a través de sus palabras, su lenguaje corporal y su tono de voz.

Entrar con buen pie en una relación, implica saludar reconociendo a las personas por su nombre;  realizar un contacto visual, que es la base de toda comunicación; sonreír, para mostrar nuestra empatía; demostrar una actitud positiva no viendo la parte negativa de todo;  sincronizar el lenguaje corporal y utilizar el mismo lenguaje para acercarnos más a la otra persona y sobre todo practicar la escucha activa.

Esto que parece tan sencillo y todos creemos practicar a diario no lo es tanto, ya que la escucha activa supone una actitud determinada, su pone prestar atención a lo que nos dicen mostrando respeto por aquello que nos cuentan, nos interese o no, implica no juzgar, algo que hacemos a menudo y también incluye controlar nuestros sentimientos y emociones; a la vez que realizamos este esfuerzo mental, deberemos estar atentos a aquello que dice sin palabras la otra persona, estaremos pendientes de su lenguaje corporal, si está nervioso, si tiene prisa, si se aburre; interpretaremos su gestos y su tono de voz y nos adaptaremos a él.

Animaremos a que sea nuestro interlocutor el que hable. ¡Cuánto aburren esas personas que hablan y hablan! No seamos uno de ellos, escuchemos, ya que de esta forma descubriremos realmente cuáles son los deseos y necesidades del otro. Hagámosle preguntas abiertas (qué, cómo, cuándo, por qué, etc…) para que nos cuente todo aquello que nos interesa. A la vez, asentiremos con la cabeza o haremos muestras orales de que le escuchamos, le atendemos y entendemos. Por supuesto no interrumpiremos sus explicaciones ni terminaremos sus frases y al final, haremos alguna pregunta sobre lo que ha dicho o un pequeño resumen para que vea cuánta atención le hemos prestado.

Con respecto a nuestro lenguaje corporal ya hemos comentado la importancia de la mirada y la sonrisa, pero además controlaremos nuestra postura, esta debe ser relajada y natural sin llegar a demostrar demasiado interés, simplemente inclinándonos ligeramente hacia adelante.

escucha activa

Si tratamos de poner esto en práctica, en cualquiera de nuestros ámbitos, nos daremos cuenta de lo útil que es la escucha activa, ya que mientras la otra persona está hablando, expresando sus pensamientos  o intereses, podemos aprovechar mientras atendemos para “estudiar” su comportamiento gestual y corporal para llegar mucho más allá y aprender de todo aquello que no nos dice pero que nosotros podemos adivinar con su lenguaje no verbal.

A la vez, debemos tener en cuenta que nuestro interlocutor puede a su vez observarnos a nosotros, por lo que tendremos en cuenta todas estas pautas para resultar lo más agradables posibles y así, comenzar con buen pie cualquier nueva relación y “caer bien”,  que es una de las cosas más deseables que nos pueden pasar.

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