enseñar optimismo

Enseñando el Optimistmo

Seguramente a muchas personas les resultará un tanto llamativo que se hable de optimismo en los tiempos que corren, donde no es precisamente un camino de rosas lo que parece esperar a los más pequeños en su futuro. Pues bien, es en estos tiempos precisamente, cuando se torna especialmente importante que los adultos, padres y educadores, tomemos consciencia de la importancia que tiene nuestro trabajo educativo con los futuros hombres y mujeres que van a formar la sociedad del mañana.

Tomaré como referencia a Martin Seligman, importante representante del movimiento llamado Psicología Positiva, el cual pone el énfasis en la importancia de potenciar los aspectos positivos de la persona, ya que la Psicología no debe solamente ocuparse de las personas con dificultades o trastornos mentales.

pensamiento positivo en niños

Este autor, en su libro “Niños Optimistas”, defiende la idea de que es posible educar el optimismo, y va más allá. Llevó a cabo una investigación y posteriormente propuso un programa para educar el optimismo en  escolares de Pensilvania, como medio de prevención de la depresión infantil.  Según los estudios, la depresión infantil está estrechamente relacionada con un tipo de pensamiento pesimista, y es por ello, que se hace necesario enseñar el optimismo a los niños como factor de protección ante este trastorno del estado de ánimo.

El optimismo, aunque se relaciona con el buen humor y la alegría, no es solamente eso. Para Seligman, el optimismo es una disposición a la interpretación constructiva de los acontecimientos externos, incluidos los conflictos y las pérdidas. Es decir, que es la interpretación que hacemos de una situación o acontecimiento, lo que nos hace sentirnos esperanzados o tristes respecto a ella, y también determina la respuesta conductual ante tal situación.

El optimismo lleva implícito un pensamiento de oportunidad para la mejora. Las personas optimistas interpretan las situaciones, positivas o negativas, como oportunidades para mejorar, aprender de los errores y realizar los cambios necesarios para el futuro. Este pensamiento trae consigo unos sentimientos positivos y unas conductas proactivas, enfocadas a la solución y la mejora de la situación. En cambio, la persona pesimista, interpreta que un error tiene la causa en un rasgo estable de su personalidad, incapaz de ser cambiado de ninguna forma. Y este pensamiento de negatividad hacia uno mismo se acompaña de sentimientos negativos y una postura inmovilista que no busca solución, ya que no se contempla que la haya.

Lo más importante para nuestro trabajo es que estas formas de afrontar las situaciones, de interpretar la realidad y los conflictos, es aprendida. Es común que los niños que muestran una tendencia al pensamiento pesimista, tienen modelos educativos pesimistas, y que en sus mensajes hacen referencia a interpretaciones negativas de los conflictos y los errores.

Y ¿cómo hacer para enseñar el optimismo?

En primer lugar es importante que el adulto revise cuál es su estilo de interpretación, que en muchos casos ya está automatizado, y de forma poco consciente atribuimos la responsabilidad de un hecho negativo o conflicto, a nuestra incompetencia o falta de valía. Es importante ser un ejemplo de optimismo, pues somos los modelos donde los más pequeños miran para ir conformando su propia formas de ser.

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Por otra parte, si entendemos que los niños se encuentran en un proceso de desarrollo, debemos ser conscientes y así hacérselo entender a ellos, que sus errores o conflictos no son fruto de una falta de capacidad general personal, sino que es necesario analizar qué condición es necesaria cambiar para poder obtener el éxito en futuras situaciones similares. Es importante ayudar a los niños a que interpreten la realidad desde diferentes puntos de vista, y especialmente, a que piensen las diversas alternativas que existen para abordar y solucionar cualquier problema.

Teniendo en cuenta el aspecto afectivo, es muy importante que fomentemos la autoestima en los niños. Sentirse bien con ellos mismos, saberse capaces de superar los obstáculos, es fundamental para el optimismo, para no rendirse a la primera, interpretando que ellos están por encima de un error puntual.

Educar el optimismo no es mentir, ni pintar de color de rosa la realidad, que también para los niños tiene momentos de tristeza, enfado, frustración, etc. Enseñemos el optimismo en las aulas y regalemos a los niños una grandísima defensa ante los trastornos del estado de ánimo, cada vez más frecuentes en las vidas de los adultos.

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